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Boda Real en Suecia del príncipe Carlos Felipe y Sofia Hellqvist

Después de cinco años de relación, Carlos Felipe de Suecia y Sofia Hellqvist ya son marido y mujer. Pocos minutos después de las 16:30 horas, Sofía entraba en la capilla del Palacio Real mientras sonaba la música. Carlos Felipe, visiblemente emocionado, se acercaba a recibirla. Tras continuar los pasos del rito religioso, oficiado por el obispo emérito Lars-Göran Lönnermark y asistido por el pastor Michael Bjerkhagen, los novios salieron de la iglesia, de la mano y entre aplausos.

El príncipe Carlos Felipe recorre la alfombra roja que cruza el patio palaciego hasta el templo, seguido unos pasos por detrás por su best man, Jan-Åke Hansson, amigo de su época de estudiante en el internado Lundsberg, que le acompaña paciente en su angustiosa espera hasta la llegada de la novia. El Príncipe  y su best man son recibidos por los oficiantes de la ceremonia religiosa, por Lars-Göran Lönnermark, obispo emérito, y por Michael Bjerkhagen, predicador de la congregación de la corte sueca.

Mientras tanto en el interior, La Familia Real sueca espera. Primero la princesa Magdalena acompañada por su marido, Chris O’Neill y la pequeña Leonore. Después los príncipes Victoria y Daniel, sin la princesa Estelle que tiene un papel protagonista en las nupcias como una de las niñas de las arras, y por último los orgullosos reyes Carlos Gustavo y Silvia.

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Los primeros acordes de la marcha nupcial de entrada anuncian que ha llegado el ansiado momento. Sofia ha sido fiel a la tradición y se ha hecho esperar. Blanca y radiante con una creación de Ida Sjöstedt y una tiara de brillantes y esmeraldas que los Reyes de Suecia le han regalado por su boda, adornada como es tradición sueca con flores de mirto. Se trata de un diseño de manga larga con escote en pico ceñido en la parte superior. Una creación en tres tonos de blanco realizado en crepé de seda y aplicaciones bordadas a mano de encaje de José María Ruiz, especializado desde 1982 en la comercializacion de tejidos de seda natural en España y proveedor de telas de alta calidad para modistos tan destacados como Lorenzo Caprile o Felipe Varela.

El ramo estaba compuesto por rosas y mirto en tonos crema y coral, la misma combinación de colores cálidos que se ha empleado en la decoración floral de la capilla, desde los bancos hasta el altar. Es costumbre que las damas de la Familia Real sueca lleven flores de mirto en su ramo de novia o en su pelo (la última en lucirlos fue la princesa Magdalena durante su enlace con Chris O’Neill). Una flor con una larga tradición en la realeza de Suecia que se remonta a un siglo atrás, en 1905, durante la boda la princesa heredera Margarita con el príncipe heredero Gustavo Adolfo en el Castillo de Windsor en Inglaterra. Desde allí llevaron hasta Suecia un arbusto de mirto, y desde 1935 sus flores se incluyen de una manera u otra en los atuendos de las novias reales, ya sea en los ramos o entrelazados en el pelo.

Padre e hija entran precedidos por el cortejo nupcial, la princesa Estelle, sobrina y ahijada del novio, las gemelas Chloé y Anäis Sommerlath, hijas de Patrik Sommerlath, sobrino de Silvia, y Tiara, ahijada de Sofia, con preciosos vestidos blancos de seda con mangas de encaje y réplicas en miniatura del ramo de novia a juego con toda la decoración floral. El apuesto novio, con el uniforme de gala del Cuerpo Anfibio de la Marina Real de Suecia (modelo de 1878) y las órdenes de los serafines, de la Estrella Polar y otras medallas miniatura, recibe a mitad del trayecto a Sofia. Una vez se encuentran los novios ante el altar, en donde reposa como es tradición la corona del príncipe Karl XIII, sobre un cojín a la derecha, y la corona de la princesa Sofía Albertina, sobre otro almohadón a la izquierda, así como el estandarte de serafines, él toma la mano de ella para el resto de la ceremonia.

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Comienza entonces una romántica ceremonia en la que los momentos musicales nada ortodoxos -no falta la canción de la pareja, una versión de Umbrella de Rihanna cantada por Salem al Fakir- contribuyen especialmente al despertar de las emociones. Tras la bienvenida de los oficiantes la princesa Victoria, hermana del novio, y Sara y Lina Hellqvist, hermanas de la novia, suben al púlpito para realizar las lecturas. El oficiante bendice las alianzas, de oro la de él y de brillantes y con diseño del Príncipe la de ella, y se las entrega a los novios que se ponen frente a frente tomándose de las manos, prometiéndose amor eterno hasta que la muerte les separe. A partir de entonces la música envuelve el templo para celebrar que Carlos Felipe de Suecia y Sofia Hellqvist ya son marido y mujer y que desde ahora también ella es Princesa de Suecia y Duquesa de Värmland.

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Al son de la trepidante marcha nupcial de salida, estilo gospel, los novios abandonan la capilla real. Tras ellos, salen la Familia Real sueca, la familia Hellqvist, los miembros de la realeza y el resto de invitados.

Fotos: http://www.kungahuset.se/, Revista Hola

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